Poder y Gobierno

¿A QUÉ LE TIENE MIEDO AMLO?; MIEDO A LA VERDAD Y A LA CRISIS DE VOTOS

  • AMLO busca supuesta ‘justicia’ contra sus adversarios políticos, pero la evade para las víctimas de la Línea 12 del metro, porque esa justicia atenta contra sus intereses electorales y proyecto político.

MÉXICO.- Faltan pocos días para las históricas y masivas elecciones del 6 de junio en México. Y hay algo que le quita el sueño, la racionalidad y la serenidad al presidente Andrés Manuel López Obrador, a su partido político Movimiento de Regeneración Nacional, y a las redes de intereses que los rodean. Están desesperados, tienen miedo, según informan diversas fuentes al interior de las filas morenistas. Por eso el ambiente está particularmente crispado en Palacio Nacional en las últimas semanas.

Esa desesperación hace a la cúpula morenista más irritable. A sus huestes, con fidelidad natural o alquilada, las vuelve ridículamente rabiosas. Y al presidente la desesperación lo obnubila peligrosamente, al grado que insulta a la población de clase social más desprotegida, como cuando mandó “al carajo” a las víctimas de la Línea 12 del metro. Los ignoró mostrando un ángulo hasta ahora desconocido públicamente, que a muchos de sus legítimos simpatizantes debe haber desconcertado.

Pero ¿qué causa la desesperación de AMLO? ¿Por qué interviene dolosamente en el proceso electoral con sus denuncias públicas contra candidatos de oposición? ¿Por qué la Fiscalía General de la República abre a última hora expedientes contra candidatos y autoridades emanados de partidos de oposición y no lo hace también contra candidatos de Morena que igualmente ameritarían la apertura de carpetas de investigación? ¿Por qué su gobierno ha pedido desesperadamente, y sin éxito, al gobierno de Estados Unidos abrir una investigación criminal contra el gobernador de Tamaulipas, Francisco Javier García Cabeza de Vaca, sin presentar elementos de prueba contundentes?

¿Por qué AMLO enciende fuegos y hace humaredas desde Palacio Nacional? ¿Hacia dónde no quiere que miremos?

Informan que AMLO atraviesa por dos crisis paralelas que ponen en riesgo la versión oficial de lo que supuestamente son él y su gobierno.

La fractura que deja el derrumbe de la Línea 12

Una de las crisis -la más grande políticamente y de repercusiones aún incalculables para AMLO- es el criminal derrumbe de la Línea 12 del metro, ocurrido el 3 de mayo en Tláhuac, cuyo caso fue tema de mi última colaboración.

El crimen afecta directamente a los dos principales candidatos de AMLO a sucederlo en la presidencia en 2024. Marcelo Ebrard, Canciller de México y uno de los hombres más leales y que más ha contribuido al proyecto político de AMLO, con defectos, pero con carácter y visión propia. Y Claudia Sheinbaum, Gobernadora de la Ciudad de México, inexperta, dócil, protectora del jefe policiaco de negro historial Omar García Harfuch, quien, a su vez, protege al grupo policiaco corrupto de Genaro García Luna y Luis Cárdenas Palomino, vinculados al Cartel de Sinaloa.

Luego del desastre de la Línea 12, AMLO tomó una decisión precipitada e inclinó su preferencia para proteger a Sheinbaum, esperando que Ebrard se sacrificara y se hiciera a un lado una vez más, como lo hiciera en 2011, cuando él era el favorito en las encuestas para ser candidato presidencial del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y dejó el puesto a AMLO.

Se informa que, al igual que se resquebrajó la Línea 12, hay una gran fractura en el interior del gobierno de AMLO y su partido. Se habla de que hay ruptura entre Ebrard y AMLO, y no es poca cosa. Ebrard tiene muchos simpatizantes y personas dentro de Morena y la izquierda que habían apostado a que él sería el sucesor. Aunque son públicos y notorios los señalamientos de la mala construcción del Metro, antes que sacrificar a Ebrard, AMLO tendría que sacrificar a su principal aliado empresarial, el magnate Carlos Slim, que es uno de los principales constructores de la Línea 12.

Se sabe que se estaría preparando una manipulación en el dictamen del gobierno de Sheinbaum sobre las causas del desastre, donde la responsabilidad de ella y su gobierno se minimice, pese a la clara negligencia de no haber dado mantenimiento al metro, y su prepotencia y negligencia igual de criminal para atender a las víctimas.

Crisis de votos

Aunado a eso están los efectos electorales del crimen de la Línea 12. Públicamente, Morena dice que va muy bien en las encuestas y que arrasará en las elecciones del 6 de junio. Internamente, el gobierno de AMLO tiene otros números que le quitan el sueño. La enorme diferencia a favor de Morena, con la que inició el proceso electoral, se ha ido reduciendo, principalmente después de la tragedia en Tláhuac. Hay quienes dicen que incluso existe el real peligro de perder una buena cantidad de gubernaturas y diputaciones si el gobierno “no actúa a tiempo”.

La Ciudad de México y la zona metropolitana, cuyos ciudadanos fueron sacrificados en el derrumbe, han sido el bastión político de AMLO. No Tabasco, su estado natal. Si su votación disminuyera notablemente en esa región del país, eso sería un descalabro.

Qué extraño que el autoproclamado presidente de los pobres se va a jugar béisbol a Sinaloa, la tierra del Cartel de Sinaloa, y se tome fotos. Va a inaugurar las obras públicas de su gobierno para ensalzarse a sí mismo y se toma fotos. En Veracruz besa y carga niños como los presidentes del viejo sistema, y se toma la foto que hace circular por todas partes. Pero no tuvo ni un segundo para Tláhuac ni para las victimas del derrumbe de la Línea 12.

AMLO no fue ni irá a Tláhuac a solidarizarse con las víctimas. El autoproclamado presidente de los “buenos sentimientos” piensa que si va le dará importancia al hecho, y él quisiera que fuera invisible. AMLO quiere que nadie recuerde más a los 26 muertos, a sus familias, y a las decenas de heridos. Que ya nadie los mencione, porque le afecta políticamente, electoralmente. Piensa que con su dedo pulgar puede tapar el sol, y con su boca, provocar otros centros de atención.

Quiere que no se hable tampoco de que el 94 por ciento de los más de 400 mil muertos reales por COVID-19 son del perfil económico y social de las mismas víctimas de la Línea 12, según un estudio de la Universidad Autónoma de México (UNAM). Personas de clase trabajadora, de pocos recursos, a quienes les son útiles las dádivas que reparte el gobierno de la 4T, pero no son nada si los contratan con los peores servicios públicos, desabasto en medicinas y material hospitalario en el sistema de salud pública, y cuando hay más violencia en las calles.

Según AMLO y sus estrategas, conforme se aproxime el 6 de junio y cuanto más estridente sea él en sus conferencias mañaneras, la gente -que, piensan ellos, es estúpida- mirará la humareda artificial en vez de mirar los muertos, heridos y enfermos abandonados.

La FGR abrió los expedientes contra los candidatos opositores a Morena a la gubernatura de Nuevo León, Samuel García, de Movimiento Ciudadano, y Adrián de la Garza, del PRI, justo el 10 de mayo, una semana después del colapso la Línea 12. Y pidió una orden de aprehensión, violando las reglas del fuero constitucional, contra el gobernador de Tamaulipas emanado del PAN, García Cabeza de Vaca, el 18 de mayo pasado.

Eso ocurrió justo después de la tragedia en el metro, pero no porque les preocupe que el crimen organizado esté detrás de los candidatos y el gobernador. Si fuera esa la preocupación, el propio AMLO denunciaría al candidato de Morena, en Sinaloa, Rubén Rocha, quien tiene relaciones con el Cartel de Sinaloa, o a la candidata de Morena a la gubernatura de Guerrero, Evelyn Salgado Pineda, cuyo padre, Félix Salgado Macedonio, y suegro, Joaquín Alonso Piedra, han sido señalados por vínculos con el Cartel de los Beltrán Leyva.

Igual estaría acusando al candidato de Morena a la Alcaldía de Huetamo, Michoacán, Rogelio Portillo, que tiene orden de aprehensión en Estados Unidos porque él y su familia han encabezado una organización criminal que ha traficado decenas de kilos de cocaína en Texas, según el expediente criminal abierto en ese país, del cual tengo copia.

Las acusaciones contra los candidatos o políticos de oposición -más allá de si tienen fundamento o no- no tienen el propósito de buscar justicia. Tienen el propósito de hacer una cortina de humo, manipular a la sociedad ya polarizada para apuntar con el dedo hacia los enemigos fuera del régimen, y que todos miren hacia allá, para que la gente no vea los errores, a los corruptos y a los enemigos que tienen dentro del gobierno AMLO y su partido. Una vieja estrategia política muy usada. ¿Tendrá éxito?

AMLO busca ‘justicia’ contra sus adversarios políticos, pero la evade para las víctimas de la Línea 12 del metro, porque esa justicia atenta contra sus intereses electorales y proyecto político. Es inadmisible que haya pasado ya casi un mes de la tragedia, y que ni Sheinbaum ni la directora del metro, Florencia Serranía, hayan comparecido ante el Congreso local para explicar exactamente que fue lo que pasó, y entregar todos los documentos referentes a las bitácoras de mantenimiento. Serranía no comparecerá sino hasta pasadas las elecciones del 6 de junio.

Miedo a la verdad

Como es común en el sistema político y de gobierno que existe desde hace años en México, el régimen de turno prefiere echar la culpa a otros en vez de reconocer democráticamente sus propios errores.

En las crisis de AMLO, sus huestes, operando en redes sociales y otras plataformas, buscan crear estridencia y batallas contra falsos enemigos como parte de la misma estrategia de distracción ya descrita, que nace en Palacio Nacional.

En el pasado he visto y sufrido en carne propia esa desesperación e irracionalidad de quienes están en el poder. No me asusta; me obliga a observar con más detenimiento los puntos que detonan la rabia, y busco las razones de fondo.

Así pasó con Vicente Fox, emanado del PAN, que en el año 2000 se convirtió en el autodenominado “presidente del cambio” y terminó traicionando a los millones de electores que votaron por él. En 2001 fui la periodista que publicó el primer escándalo de corrupción de su gobierno, que la opinión pública bautizo como el “Toallagate”. El reportaje le valió perder varios puntos de popularidad. Me acusó en una conferencia de querer derrocarlo. En 2003, su esposa, la primera dama Marta Sahagún, me corrió de la residencia oficial de Los Pinos mientras le hacía una entrevista porque no podía justificar el origen de su súbita vida de lujo, joyas, vestidos, etc. Indagué y documenté las corruptelas de su familia. Todo eso me indicó que iba en el camino correcto.

Lo mismo ocurrió con el presidente Felipe Calderón, también del PAN, y su cómplice Genaro García Luna, Secretario de Seguridad Pública. Comencé a publicar los avances de mi investigación en 2007 y 2008, señalando los antecedentes corruptos y criminales del jefe policiaco y sus operadores cercanos, como Luis Cárdenas Palomino, Facundo Rosas Rosas y Edgar Millán. El dedo tocó una llaga. Estaban furiosos de que alguien se asomara a sus asuntos internos. Iniciaron una inútil campaña de desprestigio en mi contra. Se enojaron aún más cuando, en 2010 , revelé que eran empleados del Cartel de Sinaloa, y ordenaron mi muerte.

El mismo esquema fue en el sexenio de Enrique Peña Nieto, del PRI. Documenté y revelé desde los primeros meses la gran mentira inventada sobre la desaparición de los 43 normalistas en Iguala, ocurrida en septiembre de 2014. El propósito del engaño era tapar la participación del Ejército y la Policía Federal. Públicamente, el procurador Jesús Murillo Karam y Tomás Zeron descalificaron mis investigaciones. Al final, varios tribunales en México y una corte en Arizona me dieron la razón. Hoy Zeron es prófugo de la justicia por las torturas que fui la primera en documentar y denunciar.

Hasta ahora no tengo ni he tenido cuenta en redes sociales, pero, aun así, genera ampollas casi cualquier cosa que digo o cuestiono sobre el gobierno de AMLO y algunos de sus candidatos, tanto en las entrevistas que me hacen diversos medios de comunicación en México, como en mis participaciones en la mesa de debate de los miércoles del programa de Carmen Aristegui.

Mi información y opiniones son seguidas por personas y entidades que se dicen grupos de comunicación en redes sociales, que declaran públicamente su afinidad con AMLO y promueven el voto incondicional a favor de Morena. Para ellos, lo que informo y opino es como una gota de ácido en una herida abierta.

Yo desde aquí les agradezco a todos los furibundos voluntarios o asalariados su excesiva atención a mi persona, sobre todo cuando toco temas sensibles. Piensan que me ‘exterminan’ cuando me atacan en redes sociales desinformando, diciendo cosas falsas y sacando de contexto las entrevistas que doy. En realidad, a mí me sirven de brújula, de termómetro.

Mi cuestionamiento no es a esos que con rabia invierten tanto tiempo en mí. Mi cuestionamiento es al poder y a quien lo ejerce, para que rinda cuentas.

Si en verdad se informaran, si leyeran mis libros, si escucharan completas mis intervenciones, si hicieran la tarea, y comenzaran a formar el rompecabezas con las piezas que he dejado en mis columnas e intervenciones sabrían ya que si no les gusta esto que he investigado, escrito y afirmado hasta ahora, a modo de “introducción”, les gustará aún menos el desarrollo y epílogo de esta historia.

La ventaja de haber sido perseguida y ‘crucificada’ por los gobiernos de los últimos tres presidentes es que los intentos de ahora no serán los que me silencien. Gracias a su miedo sé que voy por el camino correcto en mis investigaciones.

ANABEL HERNÁNDEZ / DW

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